
Durante mi vida he trabajado (y jugado) con diferentes modelos de mouse. Grandes, chicos, ópticos, mecánicos, todos. Hasta el punto en llegué a tener una colección, colección que se fue a la basura a manos de mi mamá.
Nunca los olvidaré.
Dejando de la lado el sentimentalismo, desde hace ya un año estoy usando el Magic Mouse que venía con mi iMac y, luego de pasar casi 3 años usando trackpads, lo sentí gratamente familiar. Es básicamente un trackpad (usas los gestos clásicos para desplazarte y lanzar acciones) con la comodidad y precisión del ratón.
Y pensé que no había nada mejor. Menos imaginé que un ratón mil veces más cómodo que todos los que antes había usado alguna vez se había inventado hace más de 28 años: El Apple Mouse:

Esta belleza mecánica del año 1984 llegó de manos del Macintosh 128k. Es cómodo, liviano y muy preciso. Incluso me atrevería a decir que más preciso que un mouse láser actual. No tiene comparación a los demás mouse de bolita que usé. La experiencia es única. Con el crocante sonido del click y la rapidez para desplazarte, fácilmente puedes llegar al orgasmo. El desplazamiento es siempre suave y prácticamente te olvidas de que el mouse está ahí.
Pensé que extrañaría la rueda de scroll. Creo que el software que acompaña al Mac no lo hace necesario. No es obvio ni mucho menos necesario para la interfaz del Mac. A diferencia de nuestros tiempos, no usaban navegadores web ni aplicaciones con la complejidad necesaria para el scroll. Todo está perfectamente diseñado, y el hacer scroll es una acción ocasional.

El tiempo del Macintosh y System era más simple. Ah! Cómo hubiera deseado estar ahí, creo. Por ahora disfruto la compañía de mi Macintosh Plus y escribir en MacWrite. Hablaré del maravilloso software para System 6, el resto del hardware y la “experiencia Macintosh” en otra ocasión.